Education and environment. Two great gifts for children.

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In the wake of the COVID-19 pandemic, we have changed in many ways, but we have also learned many things. In different parts of the world, what has been mainly talked about has been how the pandemic has affected the world economy, while, about the miracle that was unfolding before our eyes, very little has been noticed.

During the confinement, nature showed us its great capacity for regeneration, returning to life many ecosystems that human action had, long ago, demolished.

Continuing to care for our environment depends on ourselves and instilling an environmental education in children can be a fundamental aspect to achieve awareness in future generations.

The WYA Declaration on the Family written for the Tenth Anniversary of the International Year of the Family, recognizes that:

“The family sustains society as it gives life to the next generation. It also has the privilege of forming free and responsible citizens, thus securing democracy. As the fundamental unit of society, the family ensures the sustainability of civilization and culture. It takes on essential tasks in the care of all and especially the weakest and most vulnerable.”

Therefore, the family is especially oriented to the formation of responsible, committed and just beings. This is reflected in the education they provide to children and the opportunity they give them to get to know the world around them.

The children that are cared for by their family members today, symbolize a prosperous tomorrow, therefore, they must be instilled from a young age, values that make them transcend and allow them to be leaders in the future. Thus, if from a young age they are introduced to and involved in activities that involve taking care of the environment, they will be given the necessary tools to act responsibly with the nature.

Let’s not forget that the Earth is the “common house” in which all human beings live and it is our duty to take care of and responsibly use the resources it provides us, so in the future, the children who grow up next to us today may also enjoy of the wonders that our planet offers.

This does not only imply that we must teach these new generations how to act responsibly towards the nature and the environment, but that we need to give them the necessary tools so they can discern and differentiate what is good from what is not, and the ability to act in solidarity to achieve sustainable development in the world. To achieve this, the most important thing is academic and intellectual education, which is the main responsibility of the family and cannot be undermined for any reason.

In this regard, one of the fundamental pillars for society to march in harmony and for culture to be promoted and protected, would be the education of the youngest. This is something that is mainly the responsibility of their families but that can also be shared and reinforced by schools or organizations such as the World Youth Alliance, which is committed to the education of children from a very early age so that they can achieve recognition of the dignity of the human person. This means that children who take the Human Dignity Curriculum (HDC) can recognize themselves as beings endowed with intrinsic, universal and inviolable dignity, something that is often not entirely clear at such a young age, but that, nevertheless, allow these children, through daily actions, to become people who represent a change and an improvement for the world. Undoubtedly, the work that is carry out by WYA with these children is really important for the society that we hope to reach one day, that society in which we can recognize each other as valuable and virtuous beings, capable of changing the world.

Published: November 5, 2020 
Written by Pamela Lago, marketing, design and social media management for WYA Latin America.

Educación y medio ambiente. Dos grandes regalos para los niños.

A raíz de la pandemia COVID-19 hemos cambiado en muchos aspectos, pero también hemos aprendido de muchas cosas. En distintas partes del mundo, de lo que principalmente se ha hablado ha sido sobre cómo la pandemia ha afectado la economía mundial, mientras que, sobre el milagro se desarrollaba frente a nuestros ojos, se ha advertido muy poco.

A causa del confinamiento y paralización que esta crisis ocasionó, la naturaleza nos demostró su gran capacidad de regeneración devolviendo a la vida muchos ecosistemas que la acción humana había, hace mucho, devorado.

Continuar con el cuidado de nuestro entorno depende de nosotros mismos, e inculcar una educación ambiental a los niños y niñas puede ser un aspecto fundamental para lograr concientizar a las futuras generaciones.

En la Declaración sobre la Familia de WYA redactada para el décimo aniversario del Año de la Familia, se reconoce que:

“La familia es sostén de la sociedad al dar vida a la nueva generación. Tiene el privilegio de formar ciudadanos libres y responsables, y así, promueve la auténtica democracia. Como núcleo básico de la sociedad, la familia asegura la estabilidad de la civilización y la cultura. Asume como tarea fundamental el cuidado de todos, especialmente de aquellos que son más débiles y vulnerables.”

Por tanto, la familia está especialmente orientada a la formación de seres responsables, comprometidos y justos. Esto se refleja en la educación que brindan a los niños y la oportunidad que les dan para encontrarse con el mundo que los rodea.

Los niños que hoy en día son cuidados en el seno familiar simbolizan un mañana próspero, por lo tanto, se les debe inculcar desde pequeños valores que los hagan trascender y les permitan ser líderes en el futuro. Por ello, si desde pequeños se les presenta y se les involucra a participar de actividades que impliquen el cuidado del medio ambiente, se les dará las herramientas necesarias para que puedan actuar responsablemente con la naturaleza.

No olvidemos que la Tierra es la “casa común” en la que habitamos todos los seres humanos y es nuestro deber, cuidar y utilizar responsablemente los recursos que nos provee para que, en un mañana, los niños que hoy crecen a nuestro lado también puedan disfrutar de las maravillas que nuestro planeta ofrece.

Esto no implica únicamente que debamos enseñarles cómo actuar responsablemente frente a la naturaleza y el medio ambiente, sino que, les demos las herramientas necesarias a estas nuevas generaciones para que ellos puedan discernir y diferenciar lo que está bien de lo que no, y que tengan la capacidad de actuar con solidaridad para alcanzar un desarrollo sostenible en el mundo. Para ello, lo más importante es la formación académica e intelectual, que es responsabilidad principal de la familia y que no puede ser vulnerada por ningún motivo.

En este sentido, uno de los pilares fundamentales para que la sociedad marche en armonía y que se promueva y proteja la cultura, sería la educación de los más jóvenes. Algo que es principalmente responsabilidad de sus familias pero que también pueden ser compartidas y reforzadas por sus escuelas u organizaciones como la World Youth Alliance, que apuesta por la formación de niños desde edades muy tempranas para que puedan alcanzar el reconocimiento de la dignidad de la persona. Esto hace que, los niños que llevan el Human Dignity Curriculum (HDC) puedan reconocerse como seres dotados de dignidad intrínseca, universal e inviolable, algo que, muchas veces no es del todo claro a tan corta edad, pero que, sin embargo, permite que estos niños se conviertan en personas que con acciones cotidianas llegan a significar un cambio y una mejora para el mundo. Sin duda, el trabajo que WYA realiza con estos niños es de gran importancia para la sociedad que anhelamos alcanzar algún día, aquella sociedad en que podamos reconocernos los unos a los otros como sujetos valiosos y virtuosos, capaces de cambiar el mundo.

Publicado: 5 de noviembre de 2020
Escrito por Pamela Lago, practicante de mercadeo, redes sociales y diseño de WYA Latinoamérica.