Homo Creativus

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When analyzing the current state of the world, those who ponder upon its outcome often wonder how it is that we got here. This is a question many have asked and few have been able to give a clear answer to: what causes the wealth of nations? Why is it that some countries, with great natural riches, fall behind on development, while others are far more advanced despite not having the same resources?  Some answers to this question have emphasized the market, governance, or institutions. One of the most notable works of all time in this regard is that of Adam Smith’s The Wealth of Nations. In it, Smith says that the answer lies in free trade, for free-market economies are the most beneficial and productive for societies.  More recent work, notably Daron Acemoğlu and James A. Robinson’s Why Nations Fail, credits the role that institutions play in shaping nations’ economic outcomes. Mainly, Acemoğlu and Robinson vow to the value that inclusive institutions have, stating that, in order to have a prosperous society, it is necessary to have a set of institutions that can harness all the latent talent from all the different people in a society.[1] Talent, ideas, skills, creativity, and entrepreneurship are spread very broadly in a society, and a set of institutions that can harness all that latent talent in society is paramount.

Rio de Janeiro, Brazil

But looking at what developed nations all have in common with each other, there is one factor that has not yet been explored as much as others: creativity and the capacity to innovate. Looking at the roots of the issue, the development of a nation cannot take place when the development of the individual within a community is not a priority.  Furthermore, studies have found that more developed nations have a stronger sense of community or nationalism than those nations that are less developed. This sense of community and belonging creates a culture that drives productivity and creativity to a larger scale, and allows for higher levels of innovation.   We can see examples of this on a smaller scale. The most successful and innovative companies of the last decades, such as Amazon and Google, foster a culture that promotes and rewards creativity. By incentivizing a sense of community in their work culture, companies like these are able to harness all the talent in their employees to find creative solutions to the problems that arise.  This ties in with the concept of flow by Hungarian psychologist, Professor Mihaly Csikszentmihalyi. He describes this as a “state of effortless concentration and enjoyment.” This mental state of true engagement is essential for driving creativity and innovation in the workplace. Through his research into creativity and productivity, and interviews with professionally successful people, Csikszentmihalyi discovered that the secret to their optimal performance was their ability to enter the state of flow frequently and deliberately.

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So maybe part of the answer as to why some countries are less developed than others is that the less developed countries have not yet harnessed all the latent talent of their individuals and created a culture that incentivizes creativity and innovation.  We seem to regard the person and productivity in two extremes: homo faber (“man the maker”), and homo ludens (“playing man”). And there doesn’t seem to exist a middle ground between work and leisure. Perhaps the key lies in unlocking this middle ground, a state of flow in which we can be both faber and ludens. We should strive, in everything we do, to live as homo creativus. Because that is our biggest defining quality as human beings: our capacity to be creative and innovative to make the world around us a better place. As mentioned in WYA’s Declaration on Sustainable Development, “our greatest resource is the tremendous potential of the human person.”
[1] Acemoglu, D. and Robinson, J. Why Nations Fail. London, UK: Profile Books, 2012, p. 88. Published: August 8, 2020 Written by: Alexia Tefel Escudero, a WYA Headquarters Intern

Homo Creativus

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Cuando analizamos el estado actual del mundo, aquellos que reflexionamos sobre su resultado muchas veces nos preguntamos cómo es que llegamos hasta aquí. Esta es una pregunta que muchos han hecho y a la que pocos han podido dan una respuesta clara: ¿qué crea la riqueza de las naciones? ¿Por qué algunos países, con grandes riquezas naturales, son menos desarrollados, mientras que otros países son mucho más desarrollados sin tener los mismos recursos?  Algunas respuestas a esta pregunta han enfatizado al mercado, la gobernanza o las instituciones. Uno de los trabajos más importantes de todos los tiempos sobre este tema es el de La riqueza de las naciones por el filósofo y economista escocés Adam Smith. En su libro, Smith dice que la respuesta se encuentra en el libre mercado, pues las economías de libre mercado son las más beneficiosas y productivas para las sociedades.  En obras más recientes, notablemente aquella de Daron Acemoğlu y James A. Robinson, Por qué fracasan los países, se acredita el papel que tienen las instituciones en la formación de los resultados económicos de un país. Principalmente, Acemoğlu y Robinson se enfocan en el valor que tienen las instituciones inclusivas, diciendo que, para que exista una sociedad próspera, es necesario tener un conjunto de instituciones que puedan aprovechar todo el talento latente de las distintas personas en una sociedad. El talento, las ideas, las destrezas, la creatividad y el emprendimiento están esparcidos ampliamente en una sociedad, y es de suprema importancia tener un conjunto de instituciones inclusivas que puedan aprovechar este talento latente en una sociedad.

Rio de Janeiro, Brasil

Pero observando los factores que los países desarrollados tienen en común, hay unos que todavía no ha sido tan explorado como los demás: la creatividad y la capacidad para innovar. Yendo a las raíces de la cuestión, el desarrollo de una nación no puede suceder si el desarrollo de los individuos en su comunidad no es una prioridad.  Más aún, estudios han encontrado que los países más desarrollados tienen un sentido más fuerte de comunidad o patriotismo que aquellas naciones que son menos desarrolladas. Este sentimiento de comunidad y pertenencia crea una cultura que fomenta la productividad y creatividad en una larga escala y permite mayores niveles de innovación.  También podemos ver ejemplos así en una escala más pequeña. La empresas más exitosas e innovadoras de las últimas décadas, como Amazon y Google, fomentan una cultura que promueve y premia la creatividad. Al incentivar un sentido de comunidad en su cultura de trabajo, empresas como estas han sido capaces de aprovechar el talento de sus trabajadores para encontrar soluciones creativas a los problemas que puedan surgir.  Esto va de la mano con el concepto del flujo del psicólogo húngaro, el profesor Mihály Csíkszentmihályi. El describe al flujo como un “estado de fácil concentración y disfrute”. Este estado mental de total concentración es esencial para empujar la creatividad en el trabajo. A través de su investigación en la creatividad y la productividad, y entrevistas con personas profesionalmente exitosas, Csíkszentmihályi descubrió que el secreto para tener un óptimo rendimiento es la habilidad de las personas de entrar en este estado de flujo de manera frecuente y deliberada.

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Entonces quizá parte de la respuesta de porqué algunos países son menos avanzados que otros es porque los países menos desarrollados todavía no han sabido aprovechar el talento latente de los individuos de su sociedad, y porque no han creado una cultura que incentiva la creatividad e innovación.  Parece que vemos a la persona en relación con la creatividad en dos extremos: homo faber (“el hombre que hace”) y homo ludens (“el hombre que juega”), y no parece existir un punto medio entre el trabajo y el ocio. Tal vez la respuesta consiste en desbloquear este punto medio, un estado de flujo en el que podemos ser tanto faber como ludens. Debemos esforzarnos, en todo lo que hacemos, por vivir como homo creativus. Porque esa es nuestra mayor cualidad definitiva como seres humanos: nuestra capacidad de ser creativos e innovar para hacer el mundo a nuestro alrededor un lugar mejor. Como se menciona en la Declaración sobre el Desarrollo Sostenible de WYA, “nuestro más grande recurso es el tremendo potencial de la persona humana”. 
Publicado: 8 de agosto de 2020 Escrito por: Alexia Tefel Escudero, Becaria Headquarters de WYA