How WYA’s mission to defend human dignity helped me forgive the boy who raped me

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On March 18, 2016, I was drugged and raped by a boy my age. To this day I don’t know his name, I can’t even remember his face, which may be a good thing, if it wasn’t because I used to see him as every boy I saw. I kept wondering if he was one of my friends, if I knew him, or if he knew me.

I didn’t tell anyone for two years and during that time, all I have for him and for myself was hate. I hated him for not giving me a fighting chance and for doing such an unspeakable thing. And I hated myself for being such an easy prey, I made myself believe that it was somehow my fault. And I really came to believe that it was my fault, so even though I hated him, I hated myself more. I stopped believing I had any type of value.

Eventually, I began cutting myself. My best friend was the first to notice, she tried so hard to help me, but I was too ashamed to let her know why I was doing what I was doing. Still, she never gave up on me. She slowly made me believe that I still had worth.

Photo by Austin Pacheco on Unsplash

Those two years were really dark ones. I needed to hold on to several people, but it was WYA’s mission to defend human dignity that was most fundamental. I learned about the WYA summer camp during the first months of 2017 from one of my teachers. I agreed to go mainly because I liked the idea of getting away for a week, even though I wasn’t really into the mission of WYA. But that week changed my life.

I remember when we were talking about human dignity, about how everyone has human dignity regardless of what they do. And I couldn’t stop thinking that if that was true, then we should all have human dignity regardless of what has been done to us. That’s a really simple idea, but it cost me so much to realize it.

And I knew that I had grown up knowing that. But I needed to hear it. I needed for someone who truly believed in this to convince me that I have value and that it is not defined by what happened one lonely night. And that’s precisely what WYA is about. WYA is that someone who tells you that you have value, even if you don’t believe it.

Thanks to them, I’ve realized that the events that happened that spring night were not my fault; I had no responsibility or control over the actions of that boy and that I should have never let the shame kept me quiet.

I owe my life to that summer and to every person at WYA because they made me realize that I truly have human dignity. That was when the path to self-forgiveness started. But it took me almost a year to realize that even though I have come a long way, I could not heal until I forgave him as well. Until I stopped looking for him in the streets, in the faces of my friends, and in the face of every person I meet.

Photo by Felix Koutchinski on Unsplash

This was the most difficult thing I have ever done in my life. I had grown accustomed to the hate I had for him. How was I to forgive a person that hurt me so deeply and that has never asked for my forgiveness?

I struggled with the answer for a very long time. I asked for help from a lot of people, but none could give me an answer I was satisfied with. This was until I realized that the answer had been in front of me this whole time. It had been so easy for me to hate him, because I had made an image of him in my head as a monster but not as a human. Until I understood that he was also human, I was slowly able to see that he has, what WYA told me from the beginning: dignity.

And a person with human dignity was a person I could forgive. So I did. I will never forget that night, or all the terrors that followed, but I’m not afraid of them anymore. I’m almost grateful because if I hadn’t lived through that night, I wouldn’t be who I am, I wouldn’t have wanted to devote my life to the defense of human dignity.

I will forever be grateful for WYA, they changed my life and saved me from hell. So here I am, an intern, 3 years after that night, trying to give back to WYA what they gave me. And I write this blog, in hopes that my story will help others, and that it will help WYA save many more lives.

Como la misión de WYA de defender la dignidad humana me ayudó a perdonar al niño que me violó

El 18 de marzo del 2016, me drogó y violó un niño de mi edad. A la fecha no conozco su nombre, ni siquiera puedo recordar su rostro, lo cual podría ser una cosa buena si no fuera porque solía verlo en el rostro de cada niño. No podía dejar de preguntarme si él sería uno de mis amigos, si lo conocía o si él me conocía a mi.

Durante dos largos años no le conté a nadie lo que pasó, y durante ese tiempo me deje llenar de odio, odio por él por no darme una oportunidad de defenderme, de decir no, y por hacer una cosa tan terrible que habría de lastimarme tanto. Pero la mayor parte de este odio me lo reserve a mi, me odiaba por haber sido una presa tan fácil, me convencí que era mi culpa, que todo lo que había pasado recaía en mi. Deje de creer que yo tenía algún tipo de valor. Nunca en mi vida había estado tan equivocada.

Eventualmente empecé a recurrir a cortarme, llegó a convertirse en uno de los peores vicios que he tenido. Mi mejor amiga fue la primera en notarlo, trató tanto en intentar ayudarme, pero me tomó un largo tiempo vencer la vergüenza que sentía por creer que era mi culpa, y poder contarle la verdad. Y aun así nunca se dió por vencida en mi, mediante acciones me convenció que yo todavía tenía valor.

Foto de Austin Pacheco en Unsplash.

Esos dos años fueron bastante oscuros para mi, necesité de muchas personas para sobrevivir, pero WYA fue fundamental. La primera vez que me involucré con ellos fue en el campamento internacional del 2017, al cual asistí más por la idea de viajar una semana y poder alejarme de todo lo que me estaba preocupando que porque realmente creyera en su misión. Pero esa semana cambio mi vida.

Recuerdo cuando hablamos de la dignidad de la persona, como todos tienen dignidad sin importar lo que han hecho. Y yo no podía dejar de pensar que si eso es cierto, entonces todos tenemos dignidad sin importar lo que se nos ha hecho. Eso significaba que YO tenía dignidad sin importar nada de lo que había pasado esa noche. Es una idea tan simple pero me costó tanto entenderla.

Y yo sabía eso, crecí con personas diciendoselo y explicandolo, pero que fácil había sido para mi olvidarlo. Y necesitaba escucharlo, escucharlo de alguien que realmente lo creía, para poder creerlo yo. Y eso es lo que hace WYA, ellos son esa persona que te lo repite sin cansarse hasta que te lo creas, porque todos lo merecemos.

Gracias a ellos pude entender que los eventos de esa noche no eran mi culpa, nunca lo fueron. No tenía ninguna responsabilidad o control sobre las acciones de ese niño, y que nunca debí dejar que la vergüenza me callara.

Le debo mi vida a ese verano, a cada persona que hizo posible a WYA, que me llevó a comprender que yo, realmente, tengo dignidad. Ahí es cuando empezó mi camino de auto perdón. Pero me tomó casi un año entender que aunque había avanzado muchísimo, no iba a encontrar paz hasta que lo perdonara a él también. Hasta que dejara de buscarlo en las calles, en rostros de desconocidos y de mis más buenos amigos.

Foto de Felix Koutchinski en Unsplash.

Perdonarlo es lo más difícil que he hecho en mi vida. Me había acostumbrado al odio que tenía por él. ¿Cómo iba yo a perdonar a una persona que me había lastimado tan profundamente y que nunca había pedido mi perdón o dado alguna muestra de arrepentimiento?

Me costó mucho encontrar una respuesta que fuera suficiente para mi. Pedí ayuda a tantas personas, pero ninguna me parecía adecuada. Hasta que me di cuenta que la respuesta había estado enfrente de mi todo este tiempo. Había sido tan fácil para mi odiarlo por que había hecho una imagen de él en mi cabeza de un monstruo. Y hasta que comprendí su humanidad, y que como humano también tenía derecho lo que WYA me había dicho desde el principio: dignidad.

Y una persona con dignidad es una persona que puedo perdonar, así que eventualmente lo hice. Poco a poco, hasta que un día me di cuenta que lo había logrado. Nunca olvidaré los horrores de esa noche, o todos los que le siguieron, las noches sin dormir y los ataques de ansiedad porque un niño me abrazó. Pero ahora soy agradecida, si no hubiera vivido por lo que viví, no sería quien soy, y me gusta quien soy. No había comprendido de la forma que lo hago que realmente todos tenemos dignidad.

Por siempre estaré agradecida con WYA, por cambiar mi vida y por rescatarme de los horrores de mi mente. Y aquí estoy, 3 años después de esa noche, tratando de regresar a WYA lo que un día me dieron. Y por eso escribo este blog, en un intento de que mi historia ayude a otros, y que yo pueda ayudar a WYA a salvar muchas más vidas, así como ellos salvaron la mía.

Written by Maria D’Amico, a WYA Headquarters intern from Mexico.

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