I Sing To Be Listened

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Fighting for a good cause and trying to protect human rights can be understood in my country as a reason to be assassinated. The growing number of people who try to defend human rights in their neighborhoods, areas, or regions and are killed in the attempt is worrying. These murders occur throughout the country, from the centers of large cities to rural areas, often forgotten by the government.
 

Photo by Flavia Carpio on Unsplash

In Colombia, the title of social leader is designated to all those people, that for different reasons (territorial, environmental, right to education, or rights of certain communities), they try to end injustices and corruptions that are experienced every day in the country. A person with such a title not only has values ​​such as leadership, honesty, and justice but must also be brave not to keep quiet about what they denounce despite the devastating events that are being experienced in the country. According to the Institute for Development and Peace, armed violence in Colombia has caused the death of some 1,000 human rights defenders since the signing of the peace agreement in 2016, 245 of them in 2020.

 

For the causes for which social leaders died this year, a great sense and spirit of solidarity with the community stand out. For example, defending African descendants, peasants, indigenous people, displaced persons, farmers, women, people who rejoin civil life after the peace agreement, the environment, trade unions, political activism, and the substitution of illicit crops. They denounce corruption, the presence of paramilitaries, and drugs.

 

Protecting the lives of these people should be a priority of the state and providing effective security to those who denounce with their voice and actions. Assassinating them is a way to silence them and threaten the life and integrity of the communities. Many times they are not sufficiently protected by the state. They are not provided with a security scheme, or the existing one is reduced despite the serious risk they run and the death threats they receive.

 

Not only should the state take responsibility for ensuring the safety of social leaders, but they should quickly and effectively investigate who commits these murders and bring them to justice. But unfortunately, this is not the reality in my country, since many times they go unpunished despite the complaints.

 

Colombia, throughout its history, has been framed by homicides, massacres, and forced displacement and is now a country in which its victims live. Many times, social leaders are the same victims and they have had to struggle to succeed. But their battles are over before time.

 

“I sing to be listened,” says a verse from Residente’s Latinoamerica song, and I quote it now because although these human rights defenders are murdered for trying to build a better country, their voice does not die and neither does the fight for their causes.

 


Published: December 2, 2020
Written by Lucia Angulo, a current HQ Marketing Intern from Latin America. She is a graduating Audiovisual & Multimedia Communication student from the University of La Sabana in Colombia.

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Yo canto porque se escucha

Luchar por una buena causa, intentando proteger los derechos humanos, puede entenderse en mi país como una causa para ser asesinado. Es preocupante el creciente número de personas que intentan defender los Derechos humanos en sus barrios, zonas, o regiones y son asesinadas en el intento. Estos asesinatos ocurren en todo el país, desde los centros de grandes ciudades hasta las áreas rurales, muchas veces olvidadas por el gobierno.

 

Photo by Flavia Carpio on Unsplash

En Colombia, el título de líder social se designa a todas aquellas personas, que por distintas causas (territoriales, medioambientales, derecho a la educación, o derechos de ciertas comunidades), intentan acabar con injusticias y corrupciones que se viven día a día en el país. Una persona portadora de tal título, no solo tiene valores como liderazgo, honestidad, y justicia, sino que además debe ser valiente para no callar aquello que denuncia a pesar de los devastadores hechos que se viven en el país. Según el Instituto Para el Desarrollo y la Paz, la violencia armada en Colombia ha ocasionado la muerte de unos 1.000 defensores de derechos humanos desde la firma de los acuerdos de paz en 2016, 245 de ellos en lo que va de 2020.

 

En las causas por las cuales murieron líderes sociales en el año, se destaca un gran sentido y espíritu de solidaridad con la comunidad. Por ejemplo, defender a los afrodescendientes, los campesinos, los indígenas, los desplazados, los agricultores, las mujeres, las personas que se reincorporan a la vida civil después del acuerdo de paz, el medio ambiente, los sindicatos, el activismo político y la sustitución de cultivos ilícitos. Denuncian la corrupción, la presencia de paramilitares y de drogas.

 

Proteger la vida de estas personas, debería ser una prioridad del estado. Brindarles seguridad efectiva a aquellos que con su voz y sus acciones denuncian. Asesinarlos es una manera de callarlos y atentar contra la vida e integridad de las comunidades. Muchas veces no están suficientemente protegidos por el estado. No se les brinda un esquema de seguridad, o se reduce la existente a pesar del grave riesgo que corren y de las amenazas de muerte que reciben.

 

No solo debería el estado hacerse cargo de garantizar la seguridad de líderes sociales, sino que debería investigar rápidamente y con eficacia quiénes cometen estos asesinatos y llevarlos ante la justicia. Pero lastimosamente esta no es la realidad del país, ya que muchas veces quedan impunes a pesar de las denuncias.

 

Colombia, a lo largo de su historia, ha estado enmarcado por homicidios, masacres, y desplazamientos forzados y ahora es un país  en el cual viven sus víctimas. Muchas veces, los líderes sociales son las mismas víctimas y les ha tocado batallar para salir adelante. Sus batallas se acaban antes de tiempo al arrebatarles su vida.

 

“Yo canto porque se escucha” dice un verso de la canción Latinoamérica de Residente, y es que aunque estos defensores de derechos humanos sean asesinados por intentar construir un país mejor, su voz no muere y la lucha por sus causas tampoco.

 


Publicado: 2 de diciembre de 2020
Escrito por Lucia Angulo, actual pasante de marketing de HQ de América Latina. Es estudiante graduada de Comunicación Audiovisual y Multimedia de la Universidad de La Sabana en Colombia.

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