‘La politización de la ayuda en la Cumbre del G-8’ Opinión de la World Youth Alliance

Por: Anna Halpine y Greg Pfundstein

Fuente: National Review Online

En la agenda de la cumbre del G-8 en Canadá, se está promoviendo la salud materna e infantil en las partes más pobres del mundo. Las altas tasas de mortalidad en madres e infantes en muchos países son un impedimento para la democracia y al desarrollo social, y ni que decir de la tragedia humana para estas comunidades. Compromisos de recursos de parte de los países del G-8 para abordar estos problemas deberían ser provistos y ser elogiados. ¿Por qué, entonces, la delegación de Obama está amenazando en descarrilar dichos acuerdos?

Los números son impactantes: en Sierra Leona, el 16 por ciento de todos los niños fallecen y el 28 por ciento de todos los niños mueren antes de que alcancen la edad de cinco años. En trece países en África subsahariana, más de 1.000 mujeres mueren en el parto por cada 100.000 nacimientos. En Afganistán, una de cada ocho mujeres morirá como resultado al momento de dar a luz. A todo esto, el 99 por ciento de muertes maternas por todo el mundo ocurre en países en vías de desarrollo.

Sin embargo hay buenas noticias: se puede hacer mucho y mucho se ha hecho, para derrumbar estos números. Esta primavera, The Lancet publicó un nuevo estudio demostrando un progreso significativo en la reducción de muertes maternas. El artículo informó que a nivel mundial, las estadísticas en muertes maternas están en descenso; las tasas han caído 526.300 en 1980 a 342.900 en el 2008. Las razones de la disminución de muertes maternas son muchas, incluyendo las bajas tasas de embarazo para algunos países, mayor acceso a la educación, mejoramiento en el acceso a la nutrición y al cuidado médico, y el crecimiento de expertos asistiendo alumbramientos. El aborto no se ha identificado como factor en la reducción de muertes maternas. Un estudio en esta interrogante fue financiado por la fundación Bill y Melinda Gates (Bill and Melinda Gates Foundation) prometiendo $1.5 mil millones más para la salud maternal, especificando que no se proporcionaría ninguna financiación para el aborto.

Globalmente, diferentes grupos y organizaciones se han unido para encontrar formas de cómo reducir muertes en madres e infantes, y de llamar la atención a este tema que en gran parte de ha descuidado. Esta coalición ha reconocido que mujeres y los niños han sido a menudo marginalizados en tener apoyo político y que las muertes de mujeres pobres no han importado lo suficiente como para llamar la atención necesaria para mitigarlos con políticas o de compromiso en cuanto a financiación. Esto ahora está cambiando, y hay una cantidad cada vez mayor de datos que nos proveen un proyecto de cómo acelerar el progreso en la lucha para reducir muertes maternas, como Egipto y otros países lo han hecho. Significativamente, la investigación más actual, del artículo The Lancet a UNDP, identifica los mismos factores claves como elementos críticos en la reducción de muerte materna e infantil. Estos factores son la piedra angular de la iniciativa del primer ministro canadiense en el G-8 para la salud materna e infantil.

Dado esto, uno podría esperar que hubiera un apoyo universal al liderazgo canadiense quienes siguen tomando estos problemas y trabajando en ellos para satisfacer estas necesidades críticas. Pero la administración de Obama está obstruyendo este consenso positivo. Hillary Clinton, cuando se le preguntó sobre el plan de Canadá G-8 a tratar la salud infantil y maternal en países en desarrollo, dijo el siguiente: “No se puede tener salud maternal sin salud reproductiva. Y la salud reproductiva incluye la contracepción y planificación familiar y acceso al aborto legal, seguro.”

Es sorprendente que Hillary Clinton haya insistido en el financiamiento para el aborto y haya arriesgado una iniciativa que pueda descarrilarse del contrapeso que puede generar compromisos sin precedentes en ambos sectores, privado y público. Es especialmente sorprendente aún, considerando que bajo recientes pruebas científicas, se esté apoyando la eficacia de varios medios directos, viables y no polémicos la disminución de la mortalidad materna e infantil.

Cuando funcionarios superiores de los E.E.U.U. cambian el tema lejos de un importante trabajo en política global y de desarrollo para avanzar en temas favorecidos por cuestiones políticas abrasadoras, da la impresión de hacer uso de los impuestos recolectados en Norteamérica para financiar a una promoción de ingeniería social, pasando por alto el debate público sobre la mejor manera de alcanzar el desarrollo por todo el mundo y de tratar las verdaderas necesidades incumplidas en países en desarrollo. ¿Hillary Clinton piensa que es más importante promover ideologías occidentales liberales que tratar las necesidades críticas de las mujeres y niños de África y Asia? ¿Acaso ella prefiere promover las ya cansadas, viejas ortodoxias eugenésicas del gran movimiento ampliamente desacreditado, aquel que pretende controlar a la población? ¿Está Hillary Clinton – y la administración de Obama – dispuesta a sostener la financiación para la salud materna e infantil debido a un compromiso dogmático a un derecho universal al aborto en demanda? ¿Qué pasa con los derechos de innumerable mujeres por todo el mundo quienes quieren traer niños al mundo de manera segura, sin arriesgar sus vidas y las vidas de sus hijos?

En gran parte de África y Asia meridional, donde está la más alta tasa de mortalidad infantil y materna, el aborto no es legal. Las mujeres y los niños de estos países merecen la ayuda de los países desarrollados para aumentar sus posibilidades supervivencia, independientemente de la postura ideológica de Hilary Clinton desea tomar con respecto al aborto. Clinton y la administración de Obama no deben arriesgar de perder la oportunidad proporcionada por el liderazgo canadiense proporcionar los recursos básicos necesarios para las mujeres y niños más vulnerables del mundo. Ella debe posicionarse con Canadá y unirse a las voces que pide al resto del G-8 para presentarse con generosidad y voluntad política de alcanzar esta noble iniciativa.

Anna Halpine es la fundadora y directora ejecutiva de la World Youth Alliance

Greg Pfundstein es el director ejecutivo de Chiaroscuro Fundation

Se le agradece la especial colaboración a National Review Online por otorgar un espacio a este artículo en su sección ‘the corner’.

Traducción realizada por Luz Cardona Canales.
Miembro WYA Latinoamérica, Intern en WYA Europa.

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