Long Distance

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“Without friends, no one would want to live, even if he had all other goods.”

― Aristotle, The Nicomachean Ethics

Image by Jose Luism from Pixabay 

It might seem ironic to think that it is when time appears to have stopped around the world that we truly realize how fast it is fleeting. For, out of all the lessons that we can learn from the crisis that the world is currently undergoing, the one that might make us change the most, if we fully grasp what it entails, is that of our ephemeral existence. 

While this might sound rather somber, it is anything but. Our time is limited, yes, but we must not be afraid of time nor of its limitedness. Realizing the boundaries of our capacities gives us the power to make each decision as meaningful as it can possibly be, and this is an expression of our freedom. What we do with the finite time we are given determines who we really are. 

Furthermore, if our decisions are manifestations of our freedom and of our personhood, the people we decide to spend our time with are undoubtedly important factors in configuring the path we take in life. 

This period of social distancing has made us reflect on the ways in which we spend our time as well as on the decisions we make through life. But most of all, whether we spent more time alone or were in close quarters with others, these circumstances have helped us recognize that we must value our time with others, because it is the most precious gift we can give or receive. 

Photo by Kevin Gent on Unsplash

We can already see some of the effects that this is having on our relationships. While before the quarantine we always needed some reason to, for example, get together with friends, we now need no excuse to simply enjoy each other’s company. 

But even though time is fleeting, being aware of how much we need others and how much value the company of those we love has, will allow us to slow down and appreciate each moment instead of going through the motions. Jaime Nubiola, a philosophy professor at the University of Navarra, once said that “we must remember that love is slow, and haste is violent. Haste opposes love; there is no hasty love, love does not rush. Whoever loves is not in a hurry.” 

It seems as if one step we might take to cure our anxiety for the future and the unknown is realizing that what matters most is for us to do the best we can with the time we have. Not rushing through time, but rather the opposite: relinquishing each moment and valuing the company of those around us, “for the Present is the point at which time touches eternity.”[1]

[1] C.S. Lewis, The Screwtape Letters

Published: July 14, 2020
Written by: Alexia Tefel Escudero, a WYA Headquarters Intern

Larga Distancia

“Nadie querría vivir sin amigos, aun estando en posesión de todos los otros bienes”.

― Aristoteles, Ética a Nicómaco (VIII 1, 1155a5-6)

Créditos de imagen: Jose Luism, Pixabay 

Puede parecer irónico pensar que, es cuando el tiempo parece haberse detenido que nos damos cuenta qué tan rápido realmente pasa. Ya que, de todas las lecciones que podemos aprender de la crisis por la que el mundo está pasando en estos momentos, la que más nos puede hacer cambiar, si logramos verdaderamente comprender lo que conlleva, es aquella de nuestra efímera existencia. 

Aunque esto puede sonar sombrío, es todo menos eso. Sí, nuestro tiempo es limitado, pero no debemos temerle al tiempo ni a su finitud. Darnos cuenta de las limitaciones de nuestras capacidades nos da el poder de hacer que cada decisión sea lo más significativa posible, y esta es una expresión de nuestra libertad. Lo que hacemos con el tiempo que tenemos determina quienes verdaderamente somos. 

Más aún, si nuestras decisiones son manifestaciones de nuestra libertad y de nuestro ser como personas, con quienes decidimos pasar nuestro tiempo son, sin duda, importantes factores en la configuración del camino que recorremos en nuestras vidas. 

Este período de distanciamiento social nos ha hecho reflexionar sobre las maneras en las que pasamos nuestro tiempo al igual que sobre las decisiones que tomamos durante nuestra vida. Pero más que nada, ya sea que hayamos pasado más tiempo solos o que hayamos estado en proximidad con otros, estas circunstancias nos han ayudado a reconocer que debemos valorar nuestro tiempo con los demás, porque es el regalo más valioso que podemos dar o recibir. 

Créditos de imagen: Kevin Gent

Ya podemos ver algunos de los efectos que esto está teniendo en nuestras relaciones. Mientras que antes de la cuarentena siempre necesitábamos tener alguna razón para, por ejemplo, ver a nuestros amigos, ahora no necesitamos ninguna excusa para sencillamente disfrutar de la compañía del otro. 

Pero aunque el tiempo es breve, ser conscientes de lo mucho que necesitamos a los demás y de lo mucho que vale la compañía de nuestros seres queridos nos permitirá ir más lento y apreciar cada momento en vez de pasar por la vida fugazmente. Como escribía hace años el filósofo Jaime Nubiola, parafraseando a Sartre, “debemos recordar que la ternura es lenta, la prisa violenta. La prisa se opone a la ternura; no hay ternura apresurada, no hay amor con prisas. Quien ama no tiene prisa.” 

Parece como si un paso que podemos tomar para curar nuestra ansiedad sobre el futuro y lo desconocido es darnos cuenta de que lo que más importa es que hagamos lo que podamos con el tiempo que se nos ha dado. No ir con prisa, sino lo opuesto: adorar cada momento y valorar la compañía de los que nos rodean, “porque el presente es el punto en el que el tiempo coincide con la eternidad”.

Créditos de imagen: eberhard grossgasteiger

Publicado: 14 de julio, 2020
Written by: Alexia Tefel Escudero, Becaria Headquarters de WYA