Personas en condición de migrante

Personas en condición de migrante


El pasado 8 de Diciembre tuve la oportunidad junto con otros compañeros de viajar a la ciudad de Tapachula en Chiapas, a la Casa del Migrante del padre scalabriniano, Flor María Rigoni. Íbamos con el propósito de dar información sobre las rutas en México que llegaban a Estados Unidos, los diferentes albergues alrededor del país a los que podían llegar, información sobre la situación migratoria actual y también un poco de ayuda espiritual. Teníamos las pláticas planeadas y los materiales, sin embargo no teníamos idea de lo que íbamos a encontrar al llegar.

La mayoría tenemos una imagen de la migración  como una especie de masa que se mueve hacia el norte (en el caso latinoamericano), pero el convivir día a día con los migrantes te abre los ojos y es ahí cuando yo dejé de ver un fenómeno y cuando empecé a ver personas; gente con una fuerza de voluntad y determinación increíbles, quienes se fijan una meta en específico y la cumplen a pesar de los obstáculos que se encuentran en el camino.

Es impresionante como se lanzan sin tener nada seguro. La mayoría no sabe cómo es México, ¿en dónde está Tapachula? No tienen ni la menor idea, de lo único que están seguros es que van hacia el norte. Personas que llegan sin documentos ni dinero porque se los roban en el camino, con los zapatos acabados y los pies lastimados por las piedras u hongos que pescan por la humedad al cruzar el río.

Cada mañana después de la plática informativa nos poníamos a hacer diferente tipo de manualidades, como enseñarlos a hacer bufandas o pulseritas con el propósito de entretenerlos y que a lo largo de su camino tuvieran algo que vender para tener un poco de dinero. En una ocasión en la que estábamos haciendo bufandas y platicando,  Edson quien venía de El Salvador, nos empezó a contar cómo lo forzaron a ser soldado durante la guerrilla, todas las atrocidades que vivió y cómo fue obligado a incorporarse al ejército en lugar de estudiar, que era lo que él en verdad quería.

Los han tratado como si no fueran dignos tanto en su país como en el camino, y en esta búsqueda expresan su inalienable derecho a la libertad. Una libertad no sólo de escoger la profesión que quieran, de migrar o trasladarse de un lugar a otro, sino esta libertad que se entiende como la búsqueda de una verdad que es la felicidad absoluta.

Asimilan y están dispuestos a enfrentar los obstáculos que se les presentan porque esta búsqueda le dará sentido y trascendencia a su vida y a su dignidad humana. ¿Por qué entonces tendemos a verlos como personas muy diferentes a nosotros y los discriminamos? Para mí,  cada hombre, mujer, niño y niña que conocí en este viaje son un ejemplo. Pensé que yo iba a mostrarles como era su situación y cómo seguir teniendo esperanza, pero al contrario, ellos me enseñaron a mí, me enseñaron sobre el valor del trabajo y la perseverancia en esa búsqueda por su libertad y el reconocimiento de su dignidad.

La mayoría vienen de El Salvador, Guatemala y Honduras, y en una ocasión uno me dijo que a pesar de que todos venían de diferentes países, se sentían miembros de una misma cultura, tradiciones y que nosotros los mexicanos pertenecemos en parte a ellas. Nosotros los discriminamos e ignoramos y la ironía, es que ellos nos incluyen en las suyas. Existe una disposición por su parte de crear un puente y nosotros nos negamos y queremos poner la misma barrera en el sur de la que nos quejamos que tenemos en el norte.

Como declaró  World Youth Alliance en la Jornada Mundial de la Juventud 2002 en Toronto; “El amor es la experiencia de la libertad vivida por el bien del otro para un florecimiento humano genuino. Por lo tanto, el verdadero amor, libremente dado y recibido, es la experiencia de lo trascendente que completa a todos los seres humanos dentro de la familia”.
Y justo el principal motor de estas personas es el amor por su mamá, papá, esposa o hijos, quienes ponen sentido al sacrificio y al sufrimiento que viven. Razón por la que considero que debemos de dejar de ver una masa o productos de importación y exportación y empezar a ver seres humanos que merecen nuestro respeto y que son dignos de que pongamos atención y ayudemos en su condición de migrante.

Dejo algunos poemas que vi escritos en un libro de arte que estaba en el albergue en donde los migrantes escribían, de los cuales desconozco los autores.

1.
“Esta flor fue cortada en un jardín, ábrela y verás un violín
Este violín toca un danzón, tócalo y verás un corazón
Este corazón está herido, ábrelo y verás el contenido.”
2.
Me dieron a elegir entre mi vida y entre ti
Y te enojastes porque mi vida elegí 
Sin saber que mi vida era tenerte a ti”


Por Sofía Castro Guerrero, Miembro y Pasante de World Youth Alliance Latin América