Reconquering Our Humanity

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I was scrolling on Facebook, as I do every day, when an amber alert pops on my newsfeed. I automatically scroll down. I don’t even take the time to look at the face of the missing person. And as soon as I realized this, I was horrified. And what really terrified me was how everybody reacted the same way. 

In Mexico, we had gotten used to amber alerts and news about assassination or about missing people. I hide myself in the routine excuse by saying that when terror knocks in our door everyday, we stop feeling terrified of him. But does it make the crimes committed to each person less terrible or hideous just because he or she was victim number 1000? Is there some sort of sick lottery where a victim stops mattering just because of the frequency of the crime they have fallen victims to? Or is there something else that may be turning our hearts to stone?

Photo by Alica Donovan Rouse from Unsplash

In my city, Querétaro, we pride ourselves to be one of the safest states in the country. I never doubt it. I’ve always wanted to believe that the most terrible things happen far away from me. But the truth is very different. At least once a day, I see news about crimes happening in Queretaro, all of them horrifying. 

In an interview with El Universal, the Attorney General Alejandro Echeverria Cornejo stated that there are no missing people in Queretaro. There are only people who were “absent” mainly because they went back to their hometowns on their own will. He said that 98% of cases were due to these situations, putting the blame of the false reports on the media and social impact. 

We know for a fact that 98% of the people who went missing are not “absent”. And even if we accepted that data, the city has not done enough to return the missing 2% to their families. 

People in power have been saying similar things like Echeverria for all types of crimes by putting the blame on the victims rather than on the perpetrator. Even I have fallen victim of a violent crime and as many before, I didn’t care to report it. I knew nothing good will come out of it. This only makes me wonder how many more crimes have actually taken place without us knowing. 

My city is in fact one of the safest on the country, not because it’s actually safe, but because the others are more dangerous. But in my city, we have something that is far more dangerous than these crimes: we have lost our humanity and our sensibility. We no longer feel terrified of these crimes. We are living in a well structured bubble where we make ourselves believe that the horrible things that are happening are not that terrible, or are not even happening.

We have forgotten the dignity of those people. We have forgotten that they too matter, that they didn’t deserve what happened to them. My city is one of the safest and more developed in Mexico, and yet my best friend’s cousin was killed when he was stabbed 15 times by one of his peers. This person didn’t go to jail. We mourned my best friend’s cousin, but we eventually forgot what happened to him as if it never happened. 

Everyday, people fall victim to violent crimes. Everyday we are less and less sensitive to their suffering. We see them less as people and more as numbers. I’ve seen the same thing happening all around the globe: people not caring when an ambulance passes by, when they see a person crying in the streets or when they see a homeless person shaking in the street. 

Photo by Micheile Henderson from Unsplash

Martin Buber (one of the author’s from WYA’s Certified Training Program) explains the two ways we can encounter as humans in his book, I and Thou. The I-You relationship treats the other as a subject while the I-It relationship is when you regard another as an object. When we see the suffering of a mother who doesn’t know if she will see her child again and reduce her to a statistic, then we are using an I-it relationship by not acknowledging her suffering as a human being. 

This needs to change. We need to remind ourselves that the only way to connect with other people is through an I-Thou relationship. We need to see people as people, as the magnificent creatures we are who are capable of so much. Every single one of us is worth so, so much. 

We need to reconquer ourselves because only when we feel disgusted by acts of injustice will we actually start doing something to stop these crimes. Let’s reconquer our humanity. Let’s reclaim our sensitivity. Let’s cry for the victims but let’s not stop there. Let’s actually do something to help them. Let’s change ourselves to become a society where everybody actually matters. Let’s fight for everybody. As WYA says, “Everybody has dignity.” Let’s never forget that or else we are in danger of forgetting ourselves.

Estaba checando Facebook, como lo hago todos los días, cuando una alerta amber aparece entre memes y chistes. Automáticamente la paso, sin dedicar un segundo a ver quien es la persona desaparecida, por quien alguien llora por no saber si volverá a ver a su ser querido otra vez. Y en cuanto me doy cuenta de esto me asusto, y más me horroriza que todas las personas que conozco reaccionan de la misma manera.

En México nos hemos acostumbrado a las alerta amber, a las noticias de asesinatos y de crímenes inhumanos. Excuso esta realidad en la rutina, diciendo que cuando los horrores son un invitado recurrente, dejamos de temer cada vez que toca a nuestras puerta. Pero, ¿acaso los crímenes a los que cayeron víctimas cada una de estas personas son menos terribles por ser la víctima número mil? Acaso hay algún tipo de morbosa lotería dónde la víctima deja de importar por la frecuencia del crimen que se les ha cometido? O, ¿acaso hay algo más que está endureciendo nuestros corazones?

Photo by Alica Donovan Rouse from Unsplash

En mi ciudad, Querétaro, nos enorgullecemos de ser una de las más seguras del país. Nunca lo he dudado. Pero siempre he querido creído que las cosas más terribles ocurren lejos de mi. Pero la verdad es distinta. Al menos una vez al día, veo noticias de crímenes ocurriendo en Querétaro, todos horribles. 

En una entrevista con El Universal, el fiscal general del estado Alejandro Echeverría Cornejo dijo que no hay personas desaparecidas en Querétaro. Que solo hay personas ausentes, que se fueron del estado por voluntad propia. Echeverría dijo que estas situaciones representan el 98% de los casos, echando la culpa a las denuncias falsas al impacto mediático y social que causan.

Podemos saber con certeza que el 98% de las personas reportadas como desaparecidas no están ausentes. Y aún cuando aceptamos este dato, ese 2% nunca regresa a sus casas. Si fuera cierto que tan bajo número de personas desaparece, ¿porque el estado es incapaz de regresarlas sanas y salvas?

Personajes en poder han estado diciendo cosas similares a lo que dijo Echeverría en relación a todo tipo de crímenes, poniendo la culpa en las víctimas en vez del criminal. Inclusive yo, que fuí víctima de un crimen violento, como tantos antes de mi, no me atreví a reportarlo. Sabía que nada bueno saldría de eso. Lo cual solo hace que surja la duda de cuántos crímenes pasaron que no llegaron a las cifras porque no fueron reportados.

Mi ciudad es, en realidad, una de las más seguras del país. Pero lo es más por lo peligroso de las otras ciudades que por las medidas que se estén tomando por el estado. Y aún así, tenemos algo que es mucho más peligroso que los crímenes. Vivimos en un sociedad insensible a los crímenes, hemos perdido nuestra humanidad. Vivimos en una burbuja bien establecida donde nos convencemos a nosotros mismos que las cosas más terribles no pasan cerca de nosotros. Y cuando no podemos ver el dolor de otras personas  nos es imposible hacer algo para remediarlo.

Hemos olvidado la dignidad de estas personas. Nos hemos olvidado que ellas también importan, que ninguna persona se merecía lo que les pasó. Mi ciudad es una de las más seguras y desarrolladas de México y aún así el primo de una de mis mejores amigas fue asesinado después de 15 puñaladas por uno de sus amigos. El asesino no fue a la cárcel. Lloramos su pérdida, pero como siempre, eventualmente la olvidamos y seguimos con nuestras vidas. Hoy parece como si ni siquiera hubiera pasado.

Cada día, hay alguien que es víctima de crímenes violentos. Y cada día nos hacemos menos y menos sensibles a su sufrimiento. Los vemos como estadísticas que deben bajar, en vez de personas que debemos cuidar. Y he visto este fenómeno en todo el mundo. Personas imputadas ante ambulancias aceleradas buscando salvar una vida, ante personas llorando por las calles o inclusive ante aquellas que viven en las calles.

Photo by Micheile Henderson from Unsplash

Martin Buber (uno de los autores del Certified Training Program de WYA) explica las dos formas en que podemos relacionarnos con humanos en su libro, I and Thou. La relación Yo-Tú trata al otro como un sujeto, mientras que la relación Yo-Eso trata al otro como objeto. Cuando vemos el sufrimiento de una madre que no sabe si volverá a ver a su hijo, y la reducimos a una estadística, estamos usando la relación Yo-Eso al no reconocer su sufrimiento como persona. 

Y esto tiene que cambiar. Tenemos que recordarnos que la única forma de conectar con otras personas por medio de una relación Yo-Tú. Tenemos que ver a las personas como personas, como las magníficas criaturas que son, capaces de tanto. Cada uno de nosotros vale tanto. Y no podemos dejar que eso se nos olvide.

Necesitamos reconquistarse, pues solo cuando nos sentimos asqueados ante actos de injusticia es que hacemos algo para evitarlos en el futuro y hacemos algo por las personas que sufrieron a causa de ellos. Reconquistemos nuestra humanidad. Reclamemos nuestra sensibilidad. Lloremos por las víctimas, pero no nos quedemos ahí. Hagamos algo que si las ayude. Es tiempo de cambiar para convertirnos en una sociedad donde todos importan. Peleemos por todos, y que en realidad si sea por todos. Como WYA siempre dice “porque todos tienen dignidad”. Nunca olvidemos eso, porque si lo hacemos estamos en peligro de olvidarnos a nosotros mismos.

Published on July 26, 2019
Written by Maria D’Amico, a WYA Headquarters intern from Mexico.