Right to Nationality: A Protection of Human Dignity

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Article 15 of the Declaration of Human Rights establishes that everyone has the right to a nationality. Following what was written in the Declaration, it is stated that: 1. “Every person has the right to a nationality”; and 2. “No one shall be arbitrarily deprived of his nationality or the right to change his nationality.” (UN, 1948) At WYA, we young people advocate for the right to nationality as a fundamental human right that includes the right of each individual to acquire, change or retain a nationality.

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In addition to granting people an identity, nationality grants rights, freedoms and obligations. The importance of possessing a nationality is that it is a necessary condition for the enjoyment of certain basic human rights. Without a nationality, it is practically impossible to exercise many other rights such as education, health among others.

Given the importance of this dangerous dilemma, it will be necessary to clarify the difference between nationality and citizenship. Citizenship is related to political rights that a person must fulfill in parallel with the obligations and duties as a citizen, such as the right to vote. Rather, nationality is the legal bond between the individual and the state. The right to nationality supposes, on the one hand, endowing the individual with a minimum of legal protection in international relations, by establishing a link with a specific State. And on the other, protect him against the deprivation of his nationality in an arbitrary way, since he would be deprived of all the rights that are based on the nationality of the individual.

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Now, what happens to stateless people? A stateless person is anyone who “is not considered as a national by any State in accordance with its legislation.” (UN, 1954) In other words, when no law, legal system, or legal pronouncement of any country considers a person as a national, this implies the absence of nationality and so the person becomes stateless. A person can be born stateless or become stateless due to certain circumstances. Gaps in nationality laws are a cause of statelessness. If these laws are not written correctly and applied correctly, people can be excluded and left without nationality.

No matter how extensive are the rights recognized to stateless persons, this is not equated with possession of a nationality. Nationality gives people a sense of identity, but more importantly, it allows them to exercise a wide variety of rights. Statelessness may be affecting the full exercise of the rights and basic needs of those affected. All human beings have the right to a nationality and whenever the “anomaly” of statelessness arises, attention must focus on its prevention and reduction.

Human dignity is the basis of all human rights, and that is why States have the responsibility to recognize and respect them. Human rights must be guaranteed, since human dignity is intrinsic, independent of any individual condition; it is not granted and cannot be rescinded. Most of us never think about our nationality because we acquire it immediately at birth, however many people around the world suffer vulnerabilities in their rights due to this situation.

States have the responsibility to maintain peace and security in a transparent manner, they also have a duty of regular migration and stateless. For when States regulate migration, they must do so in accordance with their national and international obligations, always protecting the human dignity of all migrants and stateless persons, refugees, asylum seekers and internally displaced persons. It is in this sense that the great vulnerability suffered by human beings within the group of stateless persons is observed.

Published: April 13, 2021
Written by Bahia Gatti, Project Management Intern at WYA Latin America.

Derecho A La Nacionalidad: Una Protección A La Dignidad Humana

El artículo 15 de la Declaración de los Derechos Humanos, establece que toda persona tiene derecho a una nacionalidad. Siguiendo lo redactado en la Declaración, se plantea que: 1. “Toda persona tiene derecho a una nacionalidad”; y 2. “A nadie se privará arbitrariamente de su nacionalidad ni del derecho a cambiar de nacionalidad.” (ONU,  1948) En WYA, los jóvenes abogamos por el derecho a la nacionalidad como un derecho humano fundamental que comprende el derecho de cada individuo a adquirir, cambiar o retener una nacionalidad.

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Además de otorgar a las personas una identidad, la nacionalidad concede derechos, libertades y  obligaciones. La importancia de poseer una nacionalidad radica en que la misma es una condición necesaria para el goce de ciertos derechos humanos básicos. Sin una nacionalidad, es prácticamente imposible ejercer muchos otros derechos como la educación, la salud entre otros.

En virtud de la importancia de esta disyuntiva peligrosidad, será necesario aclarar la diferencia entre nacionalidad y ciudadanía. La ciudadanía se encuentra relacionada a derechos políticos que debe cumplir una persona paralelamente a las obligaciones y los deberes como ciudadano, como por ejemplo el derecho al voto. Más bien, la nacionalidad es el vínculo jurídico entre el individuo y el Estado. El derecho a la nacionalidad supone, por un lado, dotar al individuo de un mínimo de amparo jurídico en las relaciones internacionales, al establecer una vinculación con un Estado determinado. Y por otro, protegerlo contra la privación de su nacionalidad de forma arbitraria, ya que se le estaría privando de la totalidad de los derechos que se sustentan en la nacionalidad del individuo.

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Ahora bien ¿qué sucede con las personas apátridas?. Una persona apátrida es toda aquella que “no es considerada como nacional por ningún Estado conforme a su legislación.” (ONU, 1954) En otras palabras, cuando ninguna ley, ordenamiento jurídico, o pronunciamiento legal de algún país considera nacional a personal, esto supone la ausencia de nacionalidad y entonces la persona será apátrida. Una persona puede nacer apátrida o llegar a serlo por determinadas circunstancias. Los vacíos en las leyes de nacionalidad son una causa de apatridia. Si estas leyes no se escriben adecuadamente y se aplican correctamente, las personas pueden ser excluidas y quedar sin nacionalidad.

No importa cuán extensos sean los derechos reconocidos a las personas apátridas, esto no se equipara con la posesión de una nacionalidad. La nacionalidad brinda a las personas un sentido de identidad, pero más importante aún, les permite ejercer una amplia variedad de derechos. La apatridia puede estar afectando el ejercicio total de los derechos y necesidades básicas de las personas afectadas. Todos los seres humanos tienen derecho a una nacionalidad y siempre que se plantea la “anomalía” de la apatridia, la atención debe centrarse en su prevención y reducción.

La dignidad humana es la base de todos los derechos humanos, y es por ello que los Estados tienen la responsabilidad de reconocerlos y respetarlos. Los derechos humanos deben garantizarse, pues la dignidad humana es intrínseca, independiente de cualquier condición individual; no se otorga y no se puede rescindir. La mayoría no pensamos jamás en nuestra nacionalidad porque la adquirimos de forma inmediata al nacer, sin embargo muchas personas en todo el mundo sufren vulnerabilidades en sus derechos debido a esta situación. 

Los Estados tienen la responsabilidad de mantener la paz y la seguridad de manera transparente, también tienen un deber de regular la migración. Pues cuando los Estados regulan la migración y apatridia, deben hacerlo de acuerdo con sus obligaciones nacionales e internacionales, siempre protegiendo la dignidad humana de todos los migrantes y apátridas, refugiados, los solicitantes de asilo y los desplazados internos. Es en este sentido que se observa la gran vulnerabilidad que padecen los seres humanos dentro del colectivo de apátridas.

Publicado: 13 de abril de 2021
Escrito por Bahia Gatti, pasante de Gestión de Proyectos de WYA Latinoamérica.