The Problem with Cultural Decentralization

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When we talk about culture, our history arises in our subconscious, the distinctive, spiritual and material, intellectual and affective traits that characterize us. However, it happens when not everyone has access to culture, when various policies and programs delay the democratization of culture, strengthening social walls, those that isolate vulnerable social groups, and in this way, do not allow the person to feel comfortable and confident to go out and move freely in the city, which is after all, where cultural practices are centralized.

The problem with many cultural decentralization programs, is their focus on “bringing culture”, the “high culture” that is understood to have only privileged groups, and that indirectly supports the idea of communities without culture, also promoting a certain universalist, egalitarian vision, which would prevent from admiring the peculiarities of all sectors that have their own identity in the quest to integrate them into the social fabric.   

It is then, the need arises to understand the public space as a place of social congregation and stage of artistic manifestations, which foundation and evidence democracy through the promotion of critical thinking, through the arts and humanities, and thus strengthen coexistence, gradually dissolving social barriers and inequality.

 

Understanding culture as a dimension of citizenship and the element for social cohesion and inclusion would strengthen the identity and self-esteem of all individuals and their communities. This would allow a much greater coexistence and the visibility of each identity group, without any sign of any kind of social and economic difference, and simply appreciate the diversity of each social group. Democratize culture by allowing access to it, not as a favor to vulnerable communities, but as a right that we all have equally.

Also giving the necessary importance to cultural expressions, which allow us all to explore our abilities and our weaknesses, explore spaces where we will all be teachers and students in different circumstances, but always, always feel involved. And what better place to be part of these than in public spaces? Local governance bodies, cultural institutions and cultural agents have the duty to ensure that public spaces, in a creative way and as scenarios of cultural expressions, become places for the congregation of the cultural life of a society, involving all in order to achieve the strengthening of the ties of social coexistence.

Policies and cultural decentralization must go beyond the economic sphere, and focus on the existing social and cultural reality to which their field of action is directed, understand the challenges and evaluate the results obtained in order to achieve democratization of culture. A society that lives in harmony with its cultural manifestations and its historical past, and that uses it as a factor of change and protection for the most vulnerable, will evaluate a better sustainable and more efficient social development in all aspects.

 

Published: September 17, 2021
Written by Maria Julia Pinday Bautista, Project Management Intern for the World Youth Alliance Latin America

El Problema con la Descentralización Cultural

Cuando hablamos de cultura, surge en nuestro subconsciente nuestra historia, los rasgos distintivos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que nos caracterizan. Sin embargo, qué ocurre cuando no todos tienen acceso a la cultura, cuando diversas políticas y programas retrasan la democratización de la cultura, fortaleciendo los muros sociales, aquellos que aíslan grupos sociales vulnerables, y de esta manera, no permiten que la persona se sienta cómoda y en confianza de salir y circular libremente en la ciudad, que es después de todo, donde se centralizan las prácticas culturales.

El problema con muchos programas de descentralización cultural, es su enfoque en “llevar la cultura”, la “alta cultura” aquella que se entiende tienen solo los grupos privilegiados, y que sostiene indirectamente la idea de comunidades sin cultura, promoviendo también cierta visión universalista, igualitaria, que impediría finalmente, admirar las peculiaridades de todos los sectores que poseen su propia identidad, en la búsqueda por integrarlos al tejido social.

Es entonces, surge la necesidad entender el espacio público como un lugar de congregación social y escenario de las manifestaciones artísticas, que fundamenten y evidencien la democracia a través de la promoción del pensamiento crítico, a través de las artes y humanidades, y así fortalecer la convivencia, disolviéndose poco a poco las barreras sociales y la desigualdad.

Entender la cultura como una dimensión de la ciudadanía y el elemento para la cohesión e inclusión social, lograría fortalecer la identidad y la autoestima de todos los individuos y sus comunidades. Esto permitiría, una convivencia mucho mayor, la visibilidad de cada grupo identitario, sin rasgo de algún tipo de diferencia social, económica, simplemente apreciando la diversidad de cada grupo social. Democratizar la cultura permitiendo el acceso a ella, no como un favor hacia las comunidades vulnerables, sino como un derecho que todos tenemos por igual.

También dando la importancia necesaria a las expresiones culturales, que nos permiten a todos explorar nuestras habilidades y nuestras flaquezas, explorar espacios donde todos seremos maestros y alumnos en distintas circunstancias, pero siempre, siempre nos sentiremos involucrados, y que mejor lugar para ser partícipe de estas que en los espacios públicos. Los organismos de gobernanza local, instituciones culturales y agentes culturales, tienen el deber de lograr que los espacios públicos, de manera creativa y siendo escenarios de las expresiones culturales, se conviertan en lugares para la congregación de la vida cultural de una sociedad, que involucre a todos, para con el tiempo lograr el fortalecimiento de los lazos de convivencia social.

Las políticas y la descentralización cultural deben ir más allá del ámbito económico, y centrarse en la realidad social y cultural existente a dónde se dirige su campo de acción, comprender los desafíos y evaluar los resultados obtenidos para lograr democratizar la cultura. Una sociedad que vive en armonía con sus manifestaciones culturales y su pasado histórico, y que lo utiliza como factor de cambio y de amparo a los más vulnerables, evaluará un mejor desarrollo sostenible y social más eficiente en todos los aspectos.

 

Publicado: 17 de septiembre de 2021
Escrito por Maria Julia Pinday Bautista, Pasante de Gestión de Proyectos de la World Youth Alliance Latinoamérica