We Are Living a Global Crisis

EnglishSpanish

We don’t know what will happen tomorrow. If we are going to be fine, if we are going to have a job. People cry because despite all their efforts, they cannot provide for their family. Boys and girls suffer because they are not able to go to school. Wounded, because their right to education is being violated. I walk and people turn away when they approach me. I feel weird. I feel like an alien. I feel dirty. I see people around me who are forced to move to another country and others who, no matter how much they want to, cannot return home.

Yes. We are living a global pandemic where we are vulnerable regardless of our country, context, or socioeconomic status. We are living a moment of fear and uncertainty. All kinds of protests are seen. Protests due to the discontent of the government’s reaction to the situation and also, protests fighting for freedom of indifference, where they demand to be able to cut their hair. How is it possible to demand such unnecessary things when so much is at risk? How is it possible that even when one’s self is at risk; we are unable to leave the blindness that our sphere of privilege gives us?

We read the first paragraph and for some I am talking about COVID, and for others, I am talking about a systemic problem that they have lived with their whole lives. A problem that will not disappear when the vaccine arrives.

We live so trapped in our own reality that we don’t think about other people. We do not think that this may be affecting others and more specifically, in other contexts. We don’t want to see reality. It scares us. And surely, some people reading this still don’t know what I’m talking about.

We have to understand what it means to be aware of a problem or something in general, and we have to reflect on whether we are really doing it. We humans differentiate ourselves from others because we have this specific gift; to be able to reason, so why do we brag about it if there are times when we don’t? When there are more moments where we are apathetic, than when we are empathetic. And when we are, we are only empathic with the people in our social circle.

In Latin America in “… 2018, around 30.1% of the regional population was below the poverty line, while 10.7% was below the extreme poverty line. This means that approximately 185 million people were in a situation of poverty, of which 66 million were in a situation of extreme poverty” (ECLAC, 2019). These people have to live with multiple uncertainties every day, simply because of their condition. A condition that they did not choose, but that, in most cases, was assigned to them at the time of their birth. We live in a region where we have many shared factors that the author Carlos Monsiváis calls aires de familia latinoamericana, and among them is rural disintegration. A social, economic and opportunity gap. A global crisis much older than the current global pandemic. A systematic problem that people have gotten tired of talking about.

I use this example so that we can better understand our privilege and, above all, be more aware of it. Especially in Latin America, we see privilege as taboo and as an insult when reminded of it, but it shouldn’t be that way. Simply by belonging to a developing country and belonging to this specific discriminated group, we believe that we cannot be privileged in any other way. We do not understand intersectionality and we do not understand that it is possible for discriminated people to discriminate other discriminated people. As the Uruguayan author Eduardo Galeano explains well throughout the course of his award-winning book Las Venas Abiertas de América Latina, and giving it so much importance that it carries this great metaphor as its name, the wounds that were caused to the region during its conquest remain as open as ever, only now, instead of the Spaniards who are damaging it, it is the region its self that is self-harming. We are discriminating ourselves. We are who aren’t letting Latin America progress and find this development that we have desired endlessly.

I gave you the poverty condition as an example to replace the COVID problem, but it is not the only one. You can talk about a great variety of discriminated groups that feel this same despair on a daily basis, of course, respecting the concept of intersectionality. We have to open our eyes and understand this pandemic as an empathy and solidarity exercise as well as a reality check. The same helplessness that you feel when you see that money, a political position and influence are suddenly worthless and that there is nothing in your power to save yourself or a loved one, is similar to the impotence and helplessness experienced by these discriminated groups every day in this systemic problem.

Finding a solution requires firstly to learn about the hidden reality, but one cannot do this without identifying what the problem is before that. I invite you to name the discriminative daily actions you see, be it micromachisms, racism and classism, among others. I invite you to identify in what ways you are privileged and use it to make a change in the world instead of seeing it as a taboo and pretending it does not exist.

Published: September 3, 2020
Written by Paula Bernasconi Vargas, a WYA Latin America Intern

References:

CEPAL. (2019). Panorama social de América Latina. Retrieved from https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/44969/5/S1901133_es.pdf

Galeano, E. (1985). Las venas abiertas de América Latina (41a. ed.). México: SIGLO XXI.

Monsiváis. C. (2000). Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina. Barcelona: Editorial Anagrama

Estamos Viviendo una Crisis Mundial

No sabemos qué va a pasar mañana. Si vamos a estar bien, si vamos a tener trabajo. La gente llora porque a pesar de esforzarse lo más que pueda, no puede mantener a su familia. Los niños y las niñas sufren por no poder ir a la escuela. Heridos, porque su derecho a la educación está siendo vulnerado. Camino y la gente se aleja cuando se acerca a mí. Me siento rara. Me siento como extraterrestre. Me siento sucia. Veo gente a mi alrededor que se ve forzada a mudarse de país y otra que por más que quiera, no puede regresar a su casa.

Si. Se está viviendo una pandemia mundial en donde nos vemos vulnerables sin importar nuestro país, contexto o estatus socioeconómico. Estamos viviendo un momento de miedo e incertidumbre. Se ven protestas de todo tipo. Protestas por la inconformidad de la reacción del gobierno ante la situación, y también protestas pidiendo una libertad de indiferencia en donde piden poder salir para poder cortarse el cabello. ¿Cómo es posible que se exija cosas tan innecesarias cuando tanto está en riesgo? ¿Cómo es posible que hasta cuando uno mismo está en riesgo, no logramos salir de la ceguera que nos da nuestra esfera de privilegio?

Leemos el primer párrafo y para algunos estoy hablando del COVID y para otros, estoy hablando sobre una problemática sistémica que han vivido toda su vida. Una problemática que no va a desaparecer cuando llegue la vacuna.

Vivimos tan encerrados y encerradas en nuestra propia realidad, que no pensamos en las otras personas. No pensamos que esto le puede estar afectando a otra gente y en otros contextos. No queremos ver la realidad. Nos asusta. Y seguramente, siguen sin saber de lo que estoy hablando.

Tenemos que entender lo que significa estar conscientes de alguna problemática o de alguna cosa en general. Tenemos que reflexionar si realmente lo estamos haciendo. Los humanos nos diferenciamos porque tenemos el don de justamente esto; de poder razonar, así que, ¿por qué lo presumimos si hay momentos en donde no lo hacemos? Cuando hay más momentos en donde somos apáticos, que cuando somos empáticos. Y cuando somos empáticos, solo lo somos con las personas en nuestro círculo cercano social.

En América Latina en el “…2018, alrededor del 30,1% de la población regional estaba bajo la línea de pobreza, mientras que un 10,7% se encontraba bajo el umbral de la pobreza extrema. Esto significa que aproximadamente 185 millones de personas se encontraban en situación de pobreza, de las cuales 66 millones estaban en situación de pobreza extrema” (CEPAL, 2019). Estas personas tienen que vivir con múltiples factores de incertidumbre todos los días por el simple hecho de su condición. Una condición que no decidieron, sino que, en la mayoría de los casos, se les asigno al momento de su nacimiento. Vivimos en una región en donde tenemos muchos factores compartidos que el autor Carlos Monsiváis denomina aires de familia latinoamericana, y entre ellos, está la desintegración rural. Una brecha social, económica y de oportunidades. Una crisis mundial mucho más antigua que la pandemia mundial que se está viviendo actualmente. Un problema sistemático del cual la gente se ha cansado de hablar.

Uso este ejemplo para que podamos entender nuestro privilegio de mejor manera y, sobre todo, estar más conscientes de ello. Especialmente en América Latina, vemos al privilegio como un tabú y como un insulto cuando nos lo recuerdan, pero no debería de ser así. Simplemente por pertenecer a un país en desarrollo y pertenecer a este grupo discriminado en específico, creemos que no podemos ser privilegiados de otra manera. No entendemos la interseccionalidad y no entendemos que se puede discriminar entre discriminados. Como bien lo explica el autor uruguayo Eduardo Galeano en el transcurso de su libro ganador de premios Las Venas Abiertas de América Latina, y dándole tanta importancia como para que su obra lleve esta gran metáfora como su nombre, las heridas que le causaron a la región durante su conquista siguen estando tan abiertas como siempre, solo que ahora en vez de que sean los españoles los que estén hiriendo, somos nosotros mismos los que nos hacemos daño. Somos nosotros mismos los que nos discriminamos. Somos nosotros mismos los que no dejamos que América Latina siga adelante y encuentre este desarrollo que tanto hemos deseado.

Les puse de ejemplo la condición de pobreza para sustituir la problemática del COVID, pero no es la única. Se puede hablar sobre una gran variedad de grupos discriminados que sienten esta misma desesperación diariamente, claro, respetando el concepto de la interseccionalidad. Tenemos que abrir nuestros ojos y entender esta pandemia como un ejercicio de empatía, solidaridad y como un golpe de realidad. La misma impotencia que se siente al ver que el dinero, el puesto político y la influencia de repente no valen nada y no existe algo en tu poder para poder salvarte o a un ser querido, es parecida a la impotencia y desesperación que viven estos grupos discriminados todos los días en esta problemática sistémica.

Para encontrar una solución se necesita primero informarse sobre la realidad oculta, pero uno no puede hacer esto sin primero identificar cual es el problema. Te invito a ponerle nombre a las acciones diarias que ves, ya sea por ejemplo micromachismos, racismo o clasismo. Te invito a identificar de qué manera eres privilegiado o privilegiada y usarlo para hacer un cambio en el mundo, en vez de verlo como un tabú y fingir como si no vieras nada.

Publicado: 3 de septiembre de 2020
Escrito por Paula Bernasconi Vargas, pasante de WYA América Latina

Referencias:

CEPAL. (2019). Panorama social de América Latina. Recuperado de https://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/44969/5/S1901133_es.pdf

Galeano, E. (1985). Las venas abiertas de América Latina (41a. ed.). México: SIGLO XXI.

Monsiváis. C. (2000). Aires de familia. Cultura y sociedad en América Latina. Barcelona: Editorial Anagrama