What Makes You Happy

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What makes us happy? What makes our lives joyful? If I had to ask some people about what they need to be happy in their lives, the answers would range. Some would answer that money is the key to achieving everlasting happiness. Others would maybe say popularity or being famous and having an exciting life. On the other hand, some people might think the opposite and prefer to live life in peace.  Perhaps others would answer good health.

More than 80 years ago, a group of college professors from Harvard asked the same question. They decided to study 274 different people from completely different backgrounds, social status, and financial situations. The study was based on getting as much information as possible from each individual concerning their friends, school results and relations with teachers and family. They also included good and bad moments, family crisis, daily drawbacks and successes. They were asked about their current state of happiness and if they considered themselves happy. 

75 years after this kicked off, with more than three different presidents in charge of the study and three generations woven into it, the results of the test were clear: Good relationships make us live happier and healthier.  

The study concluded that social connections are good for people and that loneliness kills. Those who are more connected to family, friends and their community live happier, healthier and longer. However, it is not the number of connections that matter but their quality. We need a warm and close family. As a consequence, good relationships protect our brain’s capabilities and our memory gets sharper and larger.

In WYA’s Certified Training Program (CTP), this ideal is deeply reflected in the Dalai Lama’s Our Global Family. It comes with the idea that we are all basically alike. We are predestined to connect with each other, to understand each other, and develop friendship and closeness. Human beings, it was said in the reading, feel happiness and try to avoid suffering.  But this will never become an individual struggle but a common one due to our human nature. We all feel a universal responsibility. 

We can fulfill our will to be part of a global family because we are free, so we can decide to struggle for the good of a relationship and use our freedom of excellence. St. Thomas Aquinas refers to the freedom of excellence as the freedom by which, in exercising both our reason and our will, we act on the natural longing for truth, for goodness, and for happiness that is built into us as human beings. Although great effort and sometimes suffering is required, it is always worth it if seeking the Truth.

I remember the story of John, a friend of mine, who was planning a trip to Finland with some friends. Some days after planning the trip, a close friend of his suddenly went through a critical situation. This left John’s friend with no motivation to keep working. As soon as John got to know his friend’s situation, he realized he was probably the only one that could help him get by. John decided not to go on the trip and stay with his friend. A couple of months afterwards, John’s friend completely overcame the situation. Clearly, John used his freedom for a higher good, his freedom of excellence. If he had not thought of putting his friend’s good above his own, he wouldn’t have decided to cancel his trip instead.  

“Friendship is the most necessary thing in life,” Aristotle once said. Indeed, friendship is a relationship with a special value. To get the best of our relationships, we have to give a lot of ourselves to others. There must be no bigger interest in a relationship than the other’s good. We cannot force a relationship, it must be received as a gift. Greeks used to classify friendship as a divine gift given by gods. 

When true friendship is conceived, life is lived not for oneself but for others by sharing experiences, discussing opinions and comparing activities. Nevertheless, we see our friends and family as a mirror that may not show us perfection, but can always help us grow, improve, and discover new horizons. The more authentic our relationships are, the better we can show our inner life. 

According to the longest-running Harvard study ever, good relationships matter in our lives. I encourage you, my reader, to take a step ahead in all your personal relations and to allow love to shine within your friends, family, and community. In this, others’ happiness will make yours arise too.

Qué nos hace felices

¿Qué nos hace felices? ¿Qué hace que nuestras vidas sean alegres? Si tuviera que preguntar a algunas personas sobre lo que necesitan para ser felices en sus vidas, las respuestas serían muy variadas. Algunos responderían que el dinero es la clave para alcanzar la felicidad eterna. Otros dirían popularidad o ser famosos y tener una vida llena de emociones. Por otro lado, algunas personas pueden pensar lo contrario y pensar que vivir en paz es necesario para ser feliç.  Tal vez otros responderían tener “buena salud”.

Hace más de 80 años, un grupo de profesores universitarios de Harvard se hicieron la misma pregunta. Decidieron estudiar a 274 personas diferentes de orígenes, estatus social y situaciones financieras completamente diferentes. El estudio se basó en obtener la mayor cantidad de información posible de cada individuo con respecto a sus amigos, los resultados escolares y las relaciones con los maestros y sus familiares. También incluyeron buenos y malos momentos, crisis familiares, fracasos y éxitos de sus rutinas. Se les iba preguntando sobre su estado actual de felicidad y si se consideraban felices. 

75 años después del inicio de este estudio, con más de tres presidentes diferentes a cargo del mismo y tres generaciones involucradas, los resultados de la prueba fueron claros: las buenas relaciones nos hacen vivir más felices y más sanos.  

El estudio concluyó que las conexiones sociales son buenas para las personas y que la soledad mata. Aquellos que están más conectados con la familia, los amigos y su comunidad viven más felices, más sanos y por más tiempo. Sin embargo, no es el número de conexiones lo que importa, sino su calidad. Necesitamos un ambiente familiar cálido y cercano. Como consecuencia, las buenas relaciones protegen las capacidades de nuestro cerebro y nuestra memoria se mantiene más sana y fina.

En el “Certificate Training Program” (CTP) de WYA, esta idea se refleja profundamente en Nuestra Familia Global del Dalai Lama. Viene con la idea de que todos somos básicamente iguales. Estamos predestinados a conectarnos unos con otros, a entendernos y a desarrollar amistad y cercanía. Los seres humanos, se dice en la lectura, busca la felicidad y tratan de evitar el sufrimiento.  Este hecho, sin embargo, nunca se convertirá en una lucha individual, sino en una lucha común debido a nuestra naturaleza humana. Todos sentimos una responsabilidad universal. 

Podemos luchar a favor de este sentido de familia global porque somos libres. Podemos esforzarnos por el bien de nuestras relaciones y usar nuestra libertad de excelencia. Santo Tomás de Aquino se refiere a la libertad de excelencia como la libertad por la cual, al ejercer tanto nuestra razón como nuestra voluntad, actuamos sobre el anhelo natural de verdad, de bondad y de felicidad que se construye en nosotros como seres humanos. Aunque para actuar con libertad de excelencia se requiera un gran esfuerzo y a veces sufrimiento, siempre vale la pena si se busca la Verdad.

Recuerdo la historia de John, un amigo mío, que estaba planeando un viaje a Finlandia con unos amigos. Unos días después de haber planeado el viaje, un amigo suyo pasó de repente por una situación crítica. Esto dejó al amigo de John sin motivación para seguir trabajando. Tan pronto como John conoció la situación de su amigo, se dio cuenta de que probablemente era el único que podía ayudarle a salir adelante. John decidió no ir al viaje y quedarse con su amigo. Un par de meses después, el amigo de John superó por completo la situación. Claramente, Juan usó su libertad para un bien superior, su libertad de excelencia. Si no hubiera pensado en poner el bien de su amigo por encima del suyo, no habría decidido cancelar su viaje.  

“La amistad es lo más necesario en la vida”, dijo Aristóteles una vez. En efecto, la amistad es una relación con un valor especial. Para obtener lo mejor de nuestras relaciones, tenemos que dar mucho de nosotros mismos a los demás. No debe haber mayor interés en una relación que en el bien del otro. Asimismo, no podemos forzar una relación, debe ser recibida como un regalo. Los griegos solían clasificar la amistad como un regalo divino dado por los dioses. 

Cuando se concibe la verdadera amistad, la vida no se vive para uno mismo, sino para los demás, compartiendo experiencias, discutiendo opiniones y comparando actividades. Sin embargo, vemos a nuestros amigos y familiares como un espejo que puede no mostrarnos la perfección, pero que siempre nos puede ayudar a crecer, mejorar y descubrir nuevos horizontes. Cuanto más auténticas sean nuestras relaciones, mejor podremos mostrar nuestra vida interior. 

De acuerdo con el estudio más largo de las história de Harvard, las buenas relaciones son importantes en nuestras vidas. Le animo a usted, mi apreciado lector, a dar un paso adelante en todas sus relaciones personales y a permitir que el amor brille dentro de sus amigos, familia y comunidad. En esto, buscando la felicidad de los demás hará que la suya también surja.

Published on August 7, 2019
Written by Alfons Riera Brell, a WYA Headquarters intern from Spain